Iglesia Santa Catalina de Alejandría

Iglesia renacentista de los siglos XVI y XVII, uno de los principales referentes históricos y patrimoniales del municipio.

Templo renacentista construido entre los siglos XVI y XVII, situado en una posición elevada del casco histórico y declarado Monumento Histórico-Artístico por su destacado valor patrimonial.

Ubicación

La iglesia se encuentra en el extremo nordeste del centro urbano, sobre la ladera de un promontorio que se eleva por encima del caserío. Su entorno constituye una de las zonas que mejor ha conservado sus valores ambientales y paisajísticos.

Descripción histórica y cronológica

La construcción de la iglesia se inicia a comienzos del siglo XVI y se prolonga hasta bien entrado el siglo XVII. No se conservan datos sobre el autor de las trazas originales, aunque consta la participación del maestro cantero Juan Francés durante la primera mitad del siglo XVI.

A lo largo de su historia, el edificio ha sido objeto de diversas restauraciones. Destaca especialmente la intervención realizada en 1955 por el arquitecto Germán Valentín-Gamazo, en la que se reconstruyeron varias áreas del templo y de su entorno. En el último medio siglo se han llevado a cabo nuevas actuaciones, entre ellas la reconstrucción de la cubierta del ábside de la nave central, el último tramo de la torre, la eliminación del coro original y la incorporación de un espacio cubierto a los pies de la iglesia.

Descripción arquitectónica

El edificio es exento y se encuentra inscrito dentro de un atrio poligonal cerrado por un muro de mampostería ordinaria y ladrillo, rematado con albardilla y bolas escurialenses de granito.

La iglesia presenta una planta de tres naves, sin diferencia de altura entre la nave central y las laterales. Las naves se articulan mediante arcos formeros y fajones de medio punto que descansan sobre columnas cilíndricas dóricas de sillería. El acceso a la capilla mayor se realiza a través de un arco triunfal apuntado.

La nave central se cubre con una armadura de madera vista en forma de artesa, con tirantes dobles, mientras que las naves laterales presentan cubiertas a un agua. Los muros combinan mampostería ordinaria y ladrillo siguiendo el denominado aparejo toledano, con cajones de mampostería entre verdugadas de ladrillo, cadenas y contrafuertes de fábrica de ladrillo, todo ello sobre un zócalo de mampostería.

El acceso principal se sitúa en el lado de la epístola, mediante una portada de sillería de granito con arco de medio punto. En este mismo lateral se alza la torre, de planta cuadrada, cuyo último tramo —donde se ubica el campanario— fue reconstruido en fábrica de ladrillo. El acceso a la torre se realiza desde el exterior, a través de una escalera situada en el atrio, junto al ábside.

La cubierta del conjunto es de teja árabe a tres aguas, con el ábside de la nave central ligeramente elevado respecto al resto del edificio. La torre se cubre con una techumbre a cuatro aguas.

El crucero

En el atrio de la iglesia se localiza un crucero de granito, declarado Bien de Interés Cultural. Data del siglo XVII y responde a las formas del Renacimiento clásico.

El crucero se asienta sobre una grada de tres peldaños de planta cuadrada. El pedestal se compone de una primera basa similar a los peldaños, sobre la que se dispone otra basa con plinto, toro y listel. El cuerpo presenta un labrado sencillo que enmarca un rectángulo, rematado por una cornisa con listel, talón y coronación superior.

La columna cuenta con basa, fuste de sección poligonal y un capitel de talla sobria, formado por listel, ábaco y equino, sobre el que se eleva la cruz. El conjunto evoca la antigüedad clásica y responde a un Renacimiento austero, alejado del exceso decorativo y cercano a la sobriedad escurialense.